COMPROMETIDO CON LA OBRA

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Oculto entre bambalinas, después del ensayo, no puedo evitar una sonrisa augurando mi éxito. 
El director se permite darme directrices de actuación... ¡como si no supiera ya cómo interpretar mi papel y hacerlo inolvidable para siempre!

Llevamos ocho meses preparando esta obra, y apenas falta una semana para el gran estreno. Como en otras ocasiones, el papel principal es el mío, y esta vez mi credibilidad sí resultará memorable. No quiero parecer un fanfarrón, pero siempre me meto al espectador en el bolsillo, enamoro a la crítica (y en ocasiones, a alguna que otra compañera, que confundida con mis personajes carismáticos, cae en mis brazos...)

Éste será mi gran papel, el que me encumbre. He luchado por ello cada día de ensayo, superándome a solas en casa ante el espejo; aunque un duende innato me acompaña y me hace brillar ante el gran público. Estoy orgulloso de mis logros profesionales, porque aún sin haber conseguido ingresar en la compañía del Gran Teatro Nacional, aquí, con los de La Buena Estrella, soy el artista principal siempre. El papel más dramático, la caracterización más espectacular o la diversidad de registros dispares en un mismo personaje, hacen que la gente pague sus palcos sin pudor para verme actuar; dejándose transportar a historias irreales que de otra manera no podrían disfrutar. 




Sólo puedo sonreir ante las reacciones de admiración que, sospecho, despertaré incluso en mis propios compañeros. Será una actuación estelar...

Dicen los colegas del teatro que soy un actor venido a menos, destinado a terminar mis días sepultado por mi ego en obras de pacotilla, y sustituido por algún joven más profesional y mejor formado. Me dicen que caeré en el olvido como un Don nadie que nunca consiguió hacer un papel brillante de verdad. El director me grita y pierde mucho los nervios conmigo. Ha perdido ese toque especial que debe tener el director de orquesta en cada obra, y me lo achaca a mí. Que estoy muy relajado y que no me lo crea tanto, me dice... Será patán... Puedo demostrarle que tiene ante sí al actor más comprometido con su papel, y que jamás volverá a encontrar a otro igual. 

Con una sola función podré demostrarles a todos su gran equivocación conmigo. Apenas quedan ya unos días para ver el resultado de toda una carrera de vida. Y el aforo del teatro al completo... ¡Ahhh, será ejemplar!

Sonreír y sonreír; es lo único que me apetece mientras guardo mi jugada magistral bajo la manga.

Es mi última obra, se rumorea, en la compañía... ¡Pues será porque yo lo he decidido así, no porque nadie tenga que venir a escupírmelo a la cara! Y mucho menos con las risotadas de esa panda de envidiosos como banda sonora... Todo está calculado ya. Ni siquiera ha hecho falta que busque la ayuda de nadie, porque el pez globo que compré, y sus toxinas (altamente nocivas para la salud), han sido muy sencillos de conseguir en el mercado negro. 

Cuando mamá murió hace año y medio, me hizo prometerle que conseguiría consagrar mi carrera de actor con alguna actuación memorable. Quería asegurarse de que la cara formación que pagó durante años, era ya un fruto maduro tangible que podría servirme de sustento cuando ella no estuviese. Pero un vicio sin control a las drogas, ya forjado en mi adolescencia, sin el rasero de su control, me arruinó en poco tiempo el poco dinero que me dejó. Y el teatro, últimamente, no está en su mejor momento, ni siquiera para mí. La echo tanto de menos... 
Un bofetón a una compañera en un affaire privado, y algún que otro golpe más, sacados de contexto, me crearon mala fama entre las féminas de la compañía y actitudes de desprecio entre los hombres. Me encuentro bastante solo, aunque lo he llevado bien gracias a la premisa de que mejor solo que mal acompañado. No me importa perderlo todo porque no tengo nada a lo que aferrarme. Quieren que el personaje de Julius muera con dramatismo, y entre un drama inolvidable morirá. Tanto que parecerá real; y tanto, porque será real...

Una comilona en casa antes del estreno de la gran noche: sushi ptencialmente peligroso, regado con bastante alcohol, para dar bien en escena. Y a media hora para la muerte de Julius en la obra, en los camerinos durante el descanso, 1ml del veneno japonés en estado puro regará mis órganos mientras el deterioro se va haciendo patente en cada escena del final de la obra. 

Sólo puedo sonreír ante tan genial plan. No puedo esperar a ver sus caras sorprendidas. No puedo imaginar los ríos de tinta que mi espectáculo provocará...

Tania A.Alcusón

2 comentarios:

PJGA dijo...

Eso si que es dedicación plena al teatro y lo demás son tonterías. Me encanta lo cojonudo que es el texto y lamento que no lo hayas podido presentar al taller de escritura. De todas maneras, y siempre te lo diré, dejando el listón bien alto.

Muchas felicidades y un beso enorrrrrrrme!!!!

000latani000 dijo...

Pues claro que sí, si se dedica uno a algo, hay que morir por ello!! jajaja!! como este hombre, que aunque sea por orgullo, pero él impondrá su última palabra, jeje!
Muuuuack!! muchas muchas gracias Pedroooo!! ;)

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