LOS JUEGOS DEL DESTINO

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Una gruesa capa de hielo sobre mi cabeza. Un hielo semitransparente que, a pesar de su belleza, me empaña la vista y me tiene atrapada en sus entrañas mientras ejerce su presión sobre mí. Cada vez es más duro aguantar su peso.
He estado parada demasiado tiempo. Y ahora me veo sumergida, asustada y angustiada, tratando de encontrar una salida, mientras el frío penetra hasta los huesos y me mantiene en shock. No distingo si es el frío el que frena mis movimientos o es sólo la sensación de que no hay escapatoria la que me tiene paralizada...

Y la vida pasa sobre mí. No mira hacia abajo para verme hundida, buscando un resquicio o un punto débil en el hielo donde poder golpear para salir de aquí.




Si me abandono me hundiré hasta el fondo, y en la primavera, con el deshielo, estaré entumecida y me será más difícil poder volver a la superficie.
Ahora, por lo menos, sigo teniendo aire, que no es poco.
Sólo me queda confiar en que el Destino esté de mi parte. Y siempre hay una manera de salir mientras quedan fuerzas para buscarla.

Divagando en esta idea comienzo a moverme, a entrar en calor interior.
La energía vuelve a mí, y me encuentro bajo tus pies tratando de llamar tu atención a golpes. Me ves y yo encuentro mi oportunidad de escapar, de dejar de pasar frío, de olvidar la presión que me oprime por dentro y por fuera...

Y cuando estoy sacando la cabeza para recoger la primera bocanada de aire, tu pie me empuja con fuerza hacia abajo, al frío, al miedo y a la incertidumbre. ¿Por qué lo has hecho?
Tratando de comprender y todavía esperanzada, encuentro más valor y vuelvo a intentar la ascensión, pero esta vez es tu mano la que me hunde. ¿Pero qué estás haciendo?
No sé si quiero seguir intentándolo. Si puedo seguir con este juego. Si mi única oportunidad era confiar en tí, en mi Destino, y eres tú mismo el que no me deja salir, ¿qué esperanzas puedo albergar entonces?

Ya sin fuerzas, ni ganas, hundida de nuevo sin ilusión, tu mano busca el hueco, la oportunidad que creé. Me agarra fuerte y tira de mí hacia la superficie.
¡Has conseguido sacarme! ¡Has consentido salvarme!
Fuera ya, helada y cansada busco en tu mirada una explicación. Me arropas con una manta que tiendes sobre mis hombros mientras me miras divertido y me guiñas un ojo.

¡Qué macabros los juegos del Destino!

Tania A. Alcusón

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