¡CORRE A POR LAS NAVIDADES FUTURAS!

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El frío de esta mañana de Navidad corta mis labios desde primera hora, pero la emoción de verte traspasar la meta, con la gloria de haber finalizado, no se entumece ante las inclemencias. Es tanto el esfuerzo solitario que realizas en cada entrenamiento que acepto, sin condiciones, la deuda de seguir esperándote cuando decides salir a medirte contigo mismo. 
Incluso en un día como hoy, te atas las zapatillas y te colocas el pantalón corto con una sonrisa mientras me escuchas a cada momento sostener lo loco que estás. 
Salimos de casa cuando todos duermen aún y sueñan con los regalos que Papá Noel les ha dejado en el árbol. La música nos acompaña en el coche y, mientras, conduces concentrado pensando en tus estrategias y yo tarareo lo que voy escuchando. 

A menudo me cuesta entender tu necesidad de salir a correr en la que no importa la lluvia, el frío, la hora que sea o tu propio descanso. Has intentado explicarlo muchas veces, pero la frustración de no hacerte entender te hace callar en ocasiones. 
Como el soldado hemerodromo que debe atravesar largas distancias a pie para entregar un mensaje a las tropas en batalla, ofreces parte de tu tiempo a una causa desconocida desde este lado de tu conciencia, pero admirable desde cualquier punto de vista. Y es eso mismo lo que me hace envidiar tu fuerza de voluntad, tan fuerte es lo que te aporta, a pesar de la incomprensión de muchos cada vez que planificas con pasión tus metas personales.


Pero ahora, con el orgullo de saber que volverás a vencerte a ti mismo en esta carrera, sé que lo que te impulsa a seguir hoy es esa ilusión de seguir superándote en cada salida, de finalizar el camino y de poder hacer llegar también tu mensaje. 
Pero sabes que este legado de amor por la naturaleza y superar los propios límites que quieres transmitir sólo es una pequeña parte de todas las enseñanzas de vida que darás a la destinataria de tu testigo, esa que aún está en camino y que será lo más importante de tu vida. El año que viene también ella estará esperándote al final conmigo, porque tu llegada será la suya y pasará la línea de meta en tus brazos. 

¡Corre a por las navidades futuras! Nada volverá a ser igual a partir de entonces.


Tania A.Alcusón


EN MI SUEÑO COMÍAS MANZANAS

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Privada de la libertad de sentir tu dolor contigo mientras duró el calvario, e incluso de dirigirte la palabra para interesarme por el progreso que llevaba tu enfermedad,  aún desconozco el crimen del que se me acusa y por el que tan cruel castigo hube de pagar. Pero no era mi voluntad, sino la de los tuyos la que debía cumplir…

Y hoy, después de varios meses sin saber de ti, he sonreído con amargura cuando al despertar de mi sueño todavía podía sentir el calor de nuestro abrazo en mi subconsciente.

Sabiendo ya que tu diciembre estaba cercano, hoy te llevé manzanas a casa en un tiempo imaginario en el que estabas sola, no dependías de los cuidados de nadie y disfrutar del aire sin ayuda no era un privilegio para ti, sólo una señal más de que todo iba mejorando. Sin conocer tu estado real, no  quise llevarte flores que pintaran falsas esperanzas ni bombones empalagosos que no podrías disfrutar.

Hablamos durante horas, sentadas en tu sofá frente a unos tés que llenaban el espacio con su olor a hierbas, mientras las manzanas reposaban en un bol con agua. Mis manzanas, que apenas serían un símbolo perdurable de que también estuve allí contigo al final.
Y tú sonreías todo el tiempo. Y yo también al saberte tranquila, al menos por un momento.


Al despertar, una lágrima y un mal presentimiento me han dado los buenos días. Y una hora después, la lágrima ha vuelto y el presentimiento ha sido confirmado. ¿Ha sido una despedida? ¿En esos últimos momentos me has dado tu bendición antes de marcharte liberándome de mi penitencia?

Esos sueños extraños…

Me ha dado por pensar que mientras te alejabas por tu camino de luz alba comías una de mis manzanas crujientes mientras los tuyos te lloraban en la cama del hospital. Y esa idea ha encendido en mi interior una llama de esperanza por tu alma. DEP


Tania A.Alcusón

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