Y TENÍA PERMISO

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Quería probar el cuerpo caliente de ella.
Y tenía permiso para mordisquear con los dientes la carne sudorosa. Podía desgarrarar su piel con indecencia, clavarse con su borde afilado haciéndola temblar...


 

Quería hurgar en los lugares más ocultos.
Y tenía permiso para que su lengua recorriera las profundidades de aquel cuerpo. Podía perderse en las curvas caprichosas que componían aquel ser, buscar incansable los rincones más deliciosos y dejarse llevar...
     
Quería escuchar su respiración entrecortada.
Y tenía permiso para dejar libres sus manos y recoger el rastro de los fluidos ajenos. Podía dejarlas reposar en su boca tras hurgar en lugares secretos, que se perdieran en su pelo suelto...

Quería derretir su cuerpo en el de ella.
Y tenía permiso para que todo su ser la buscase incansable en su deseo.
¡¡Podía hacerlo!! ¡Y tenía permiso! La utilizó para hacer realidad sus fantasías más inconfesables. Jugó con ella a juegos prohibidos con las otras mujeres. Quiso llegar tan adentro de ella, que se descubrió perdido en sí mismo y ya no supo volver a salir más.

Tania A. Alcusón

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