Hoy hueles a lágrimas. El olor salado y ese eco en tus sollozos te delatan.
Te observo ahí, con la mirada perdida, y te supongo lanzando una caña a tu pozo de insignificancias donde tus recuerdos, no tan hundidos, flotan a la deriva. De esos recuerdos quizás quieras pescar el que menos duela, alguno que guarde olor a risas, aquel con vistas a un futuro sereno o ese que suena a melodía dulce... Cualquiera que te sirva para recordar que cualquier tiempo pasado fue digno de ser vivido.
Hoy, sentada en una mesa con la barbilla apoyada en la mano, los dedos se clavan en tu mejilla, hurgando debajo de la piel buscando a qué aferrarse, y de tus ojos comienza a emanar de nuevo ese perfume a desconsuelo que te envuelve.
Tengo la certeza de que ese pozo tuyo destila veneno además de todo, y que las criaturas que cobija no serán capaces de redimirte en tu tristeza en su intento por aportarte algo más de vida.
Tengo la certeza de que ese pozo tuyo destila veneno además de todo, y que las criaturas que cobija no serán capaces de redimirte en tu tristeza en su intento por aportarte algo más de vida.
Tania A. Alcusón


